septiembre 24, 2009

Publicado en Uncategorized a 1:15 am por dosclarineros

Pero la verdad es que ya al segundo tatuaje que le descubrió no le gustó.No estuvo de acuerdo. Como escupitajos revueltos con sangre sobre una estatua de marfil, esa era su opinión y no se la decía.Le interesaba mucho quedar bien con ella.Los tatuajes estaban mal trabajados y solo dos eran pasables: uno debajo del ombligo y otro en la parte baja de la espalda, los dos centrados y a la misma altura.Rosas sobre enredaderas.Una flecha en línea recta hubiera penetrado por uno y asomado su aguda punta de bronce por el otro (en el caso de que un guerrero antiguo la asesinara en un ataque de celos destrozándole la columna). Eso pensaba la última vez que ella lo atendió en su cama.Los dos habían estado en silencio.Él acariciándole el vientre, el tatuaje.Ella cruzaba el muslo de forma ligera definiéndo más la figura del triángulo púbico.Le preguntó que que significaban, ella le dijo nada, solo me gustaron y me los hice.Pero él cree que para ella significaban sexo vaginal y anal.Sos una mujer hermosa le había dicho él y no se equivocaba.Ella lo había mirado con algo parecido a la simpatía y le dijo algo que movió montañas dentro de él.Y luego, si no hubiera estado tan descompuesta por la resaca se hubiera reído.Me voy a tatuar tu nombre.

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